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         Temas de opinión sobre la Religiosidad popular y las Hermandades.


Las "Ferias de Vanidades" Cofrades.as "Ferias de Vanidades" Cofrades

Recientemente he tenido la desdicha de asistir a una nueva "feria de vanidades" cofrade, una de las innumerables ocasiones en que los que se consideran, sin serlo, cofrades lucen sus mejores galas a la vista de todos, después de haberlas preparado concienzudamente en los rincones más despreciables de sus rencores e hipocresías.

En numerosas ocasiones he afirmado, medio en broma, medio en serio, que uno de los signos de identidad de los cofrades es la hipocresía, pero cada vez la experiencia propia y ajena me hacen constatar que es un asunto demasiado grave para seguir planteándolo como algo anecdótico. Entre todos los que de manera directa o indirecta integramos el apasionante mundo de nuestras hermandades hemos creado una estructura bastante sólida y uniforme, un grupo de presión social de indudable influencia, una élite conformadora en gran parte de la actual realidad de la religiosidad oficial... pero, lamentablemente, los cimientos parecen anclar en la arena movediza de las pasiones humanas más inconfesables, pues quien es capaz de profundizar un poco en muchas de las realidades cofrades, descubre auténticas luchas intestinas por acaparar ámbitos de influencia en los respectivos órganos de gobierno, intereses creados de índole económica que parecen incompatibles con asociaciones religiosas y, sobre todo, un equipo completo de cargas de profundidad en las relaciones humanas, donde la caridad se diluye en diversos marketings bien publicitados por la prensa pretendidamente en pro de los más desfavorecidos de la sociedad.

Pudiera alguien pensar que quien esto escribe adopta una actitud demasiado radical y que no valora adecuadamente los aspectos positivos que protagonizan muchas hermandades y cofrades. Admito que en parte es así, y en otros artículos no he dudado en destacar los innegables avances que pueden detectarse en nuestras hermandades respecto a la formación cristiana de los hermanos, a la integración cada vez más efectiva en la pastoral de la Iglesia, al avance de una concienciación social más solidaria... pero nadie me podrá negar que todo esto no ha logrado desterrar los seculares vicios cofrades y, sobre todo, que ha crecido hasta extremos insospechados ese casi más negativo que la hipocresía, que es el afán de protagonismo, que más que vicio habría de ser calificado de grave pecado, fruto de la conjunción de otros dos muy generalizados entre los humanos: el orgullo y la soberbia.

Pero este artículo no quiere ser una denuncia generalizada ante un fenómeno que tenemos que asumir como nuestro y que sólo en nuestras manos está corregir estos fallos, en los que todos hemos caído muchas veces en algo que pudiera denominarse como una rutina imparable. No, mi intención al escribir esto es que reflexionemos sobre la incidencia que tiene todo esto en algo tan importante como el trato cotidiano a las personas que somos los cofrades. Si hay una prueba indudable para calibrar el valor de una institución es la calidad humana de sus integrantes, si saben acoger a sus miembros como personas dignas del mayor afecto y consideración... Y si esto lo trasladamos a una comunidad cristiana, resulta consustancial a su propio ser y sentido.

Si nuestras hermandades han de progresar a costa de dejar en la cuneta de su evolución a personas concretas, porque no comulgaban con las ideas de la élite dirigente y se ha preferido la "razón de Estado" a la caridad cristiana, creo que estamos equivocando el rumbo. Si por algo se caracteriza la "feria de vanidades cofrades" es porque precisamente en ella no tienen cabida los que no han sabido o querido utilizar maniobras ocultas como la mentira, la maledicencia, la hipocresía ...para conseguir encumbrarse entre la élite dirigente. Y esto es muy triste. Conozco muchas personas que han sufrido en sus carnes el querer ser coherentes con una ética cristiana en sus hermandades, que aspiraban de esa manera a sentirse acogidos e integrados y crear un ámbito de consenso e incluso de verdadera amistad, donde el cofrade se sintiera integrado tanto dentro como fuera de los muros de la casa de hermandad... pero resultó que no podía ser... y han tenido que orientar su vida cristiana y humana en otros ámbitos de la Iglesia... o fuera de ella, lo que es más grave.

Es hora ya de vivir coherentemente nuestro ser cofrade, de no dejarnos llevar por los vicios seculares de una religiosidad y unas tradiciones que en nada afecta a la propia fe y a la vida de las personas concretas que son los cofrades. Las hermandades no son meras asociaciones O Peñas, donde la fe y el amor fraterno son sólo unos tintes que dan color y prestigio... sino que, ante todo, quieren constituirse en ámbitos de acogidas para una sociedad que tanto necesita sentir en sus vidas la cercanía de Dios y de sus propios hermanos los hombres.

Carlos José Romero Mensaque

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© El Rosario en Sevilla 2004. - Carlos J. Romero Mensaque