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Tradición y Espontaneidad en los Fenómenos de la Religiosidad Popular Moderna Sevillana.radición y Espontaneidad en los Fenómenos de la Religiosidad Popular Moderna Sevillana.

Introducción

1.- Génesis.

2.- Desarrollo Histórico

3.- Etapa Final

El Rosario en Sevilla

Ir al inicio de esta páginaIntroducción

Tradición y espontaneidad pueden resultar, en una primera impresión, términos un tanto antagónicos en el ámbito de estudio de la religiosidad popular moderna en Andalucía. De hecho, en la actualidad se tacha, sin más crítica, lo tradicional como sinónimo de integrista, caduco o inmovilista. Sin embargo, un estudio más detenido del término, enmarcado en los acontecimientos históricos, ayudará a comprender que la tradición viene a ser como la fijación de usos universalmente admitidos por la base popular, como respuesta a motivaciones espirituales surgidas de manera espontánea.

Así pues, puede afirmarse que la tradición en el marco de la religiosidad popular supone la institucionalización de la espontaneidad, entendiendo por tal término, la iniciativa popular frente a la norma establecida o a su adaptación peculiar. Ahora bien, la espontaneidad tiene que ser también enmarcada en sus coordenadas históricas, analizando las circunstancias que la hacen posible y la incidencia no pequeña de directrices ajenas a la propia base del pueblo.

Por todo ello, no deben absolutizarse ambos términos, sino estudiarlos en el marco de la religiosidad popular sevillana, como ejes de todo un proceso verificable en las distintas manifestaciones devocionales. Para ello conviene también centrar el propio concepto de religiosidad popular como el modo peculiar de expresión de fe de las bases más populares de la sociedad, caracterizado por una búsqueda de la Trascendencia a través de manifestaciones devocionales creadas "per se" o asumidas a su contexto cultural.

En este breve artículo, síntesis de una ponencia en la Cátedra de Religiosidad Popular y Nueva Evangelización, foro diocesano de investigación y pastoral lamentablemente desaparecido, voy a tratar de desarrollar estas ideas en torno a un esquema en tres fases referido a lo que es la génesis, el desarrollo histórico y el proceso final y/o reconversión de una práctica devocional.

El Rosario en Sevilla

Ir al inicio de esta página1.- Génesis

En realidad, en toda génesis de un fenómeno o manifestación de la religiosidad popular, se da normalmente una iniciativa pastoral regular o secular, que busca - directa o indirectamente- un acercamiento de las masas populares al ámbito eclesial ortodoxo, estableciéndose un proyecto concreto para encauzar la iniciativa y controlarla. La dificultad provenía fundamentalmente de que, una vez establecido el primer encuentro en el que se creaba un clima favorable de acogida del mensaje kerigmático y una disposición de los ánimos hacia la conversión propugnada, éste no tenía continuidad al no lograrse la integración efectiva en la Iglesia institucional. En el fondo, estas iniciativas pastorales no parecían pretender la integración, pues no se había creado un marco adecuado. Se trataban preferentemente de campañas misionales periódicas en ocasión de momentos fuertes del calendario cristiano, sobretodo en Cuaresma.

En líneas generales, cabe referirse al nacimiento de esta religiosidad popular, tal y como es entendida hoy, en la Plena Edad Media y a partir de una labor misional de las Ordenes Mendicantes, franciscanos y dominicos, entre las capas más populares de la sociedad, que se encontraban alejadas en la práctica de la religiosidad oficial, reservada únicamente a clérigos y la minoría laica instruida, formada por los individuos de la nobleza y aristocracia burguesa. En realidad, era toda una pastoral de frontera entre personas sin cultura, analfabeta, que tenía una muy rudimentaria conciencia de Transcendencia, aunque su religiosidad estaba señalada por esa marginalidad ya secular de la Iglesia-institución, a la que acudía en señaladas ocasiones, pero ausente de cualquier matiz participativo, que, por otra parte, no se le brindaba.

La iniciativa misional propugnaba sencillas prácticas de piedad, como una manera efectiva de que el pueblo pudiera acceder fácilmente a los Misterios centrales de la fe, adaptándolos a su entendimiento a través de una catequesis inculturizada y en base a imágenes de Cristo y la Virgen con rasgos y actitudes cercanas al sentimiento de los fieles, representadas en los momentos fundamentales de su vida, aquellos que fueran más susceptibles de crear una identificación sensible con ellos. Por esta razón, los Misterios de la Pasión y Muerte de Cristo resultaron muy populares y arraigaron en los sentimientos de aquellas personas, generando una devoción.

De esta manera, se atendía una necesidad apremiante en lo pastoral y la Iglesia consiguió abrir un nuevo camino para la integración, aunque marginal, de las masas populares. Pero en ningún momento se plantea la posibilidad de una más efectiva participación en la vida de la Iglesia.

Desde entonces, las devociones y las prácticas de piedad crearon un ámbito especial de religiosidad al amparo de la Iglesia, pero con una vida cada vez más autónoma. El pueblo iba asumiendo las iniciativas pastorales, pero dotándolas de unos esquemas nuevos y genuinos.

Nace así una religiosidad espontánea e ingenua en torno al concepto de devoción o manifestación sensible de afecto a una representación de Cristo, la Virgen o algunos santos, que genera todo un dinamismo individual y colectivo de usos y prácticas en torno a ellas, siendo conscientes de un sentido pleno de comunicación con la Trascendencia

En la religiosidad de la Sevilla Moderna la devoción no se centra exclusivamente en imágenes concretas, sino sobre todo en los Misterios de Cristo y su Madre, en los que, de alguna manera, se quiere participar mediante un uso dinámico (Vía Crucis, Estaciones de Penitencia, Rosarios Públicos) pues de esta manera se siente próximo a los hechos que se conmemoran y a su protagonista sagrado. Es una religiosidad del sentimiento.

En esta génesis es fundamental la importancia de la vecindad y las asociaciones gremiales y su incidencia económica. Cabe hablar de una geografía devocional bien delimitada.

Así pues, se detecta en el nacimiento de la Religiosidad Popular una espontaneidad frente a una tradición normativa impuesta por la ortodoxia, que se adapta y se asume en cuanto responde a un sentido unívoco y también a un mayor respaldo social.

Igualmente se crea un marco propio, autónomo de la Iglesia institucional, aunque dependiendo de la misma.

Y, por último, se forma una rudimentaria tradición en la progresiva aceptación universal de todo un esquema de usos, iconografía y planteamientos sensibles que conllevan un sentido estructural inmanente. Esta tradición se convierte asimismo en foco de atracción hacia otras capas de la sociedad.

El Rosario en Sevilla

Ir al inicio de esta página2.- Desarrollo Histórico

Se va creando un canon en la práctica devocional de forma espontánea integrado por elementos materiales: insignias, simpecados, banderas, pasos, varas..., oraciones, , representaciones y, por último, una dimensión sentimental y de sentido.

Todo ello forma una tradición, a la que se asimilan las prácticas afines en una necesidad clara de inclusión y uniformidad.

Se fundan asociaciones o congregaciones espontáneas para preservar las devociones, aunque uniformadas en torno a la tradición, a los cánones ya mencionados.

Se da igualmente una intervención de la Iglesia institucional que, tratando de establecer un control efectivo y a la vez limitar una excesiva proliferación de estos movimientos populares, reconoce directa o indirectamente las prácticas devocionales y erige canónicamente las congregaciones, previa presentación y aprobación de sus respectivos estatutos. Nacen así las hermandades como medios teóricamente integradores de la religiosidad popular en el ámbito eclesial.

Las hermandades dependen jurídicamente de la Autoridad Eclesiástica que aprueba sus Reglas. Pudiera pensarse en un control directo o indirecto de la Iglesia oficial sobre la religiosidad popular. No fue así. Como queda dicho, la fundación nace de una iniciativa popular y nunca ha perdido esta raigambre.

Estas hermandades se constituyen en los entes que canonizan una devoción o práctica concreta surgida espontáneamente en el pueblo, es decir, se trata de unas asociaciones peculiares y de honda tradición popular que van a servir como medios para integrar en la Iglesia a distintos fenómenos de religiosidad, no coartando o limitando su espontaneidad, sino únicamente dotándolo de una necesaria organización dentro de los márgenes de unas instituciones con cierta holgura en cuanto a autonomía dentro de la Iglesia y que el pueblo no deja de sentir como suyas.

La devoción se enmarca, pues, en unos esquemas de hermandad dedicados primordialmente al culto y la caridad y en este sentido adquiere una dimensión más particular, circunscribiéndose a una comunidad concreta de cofrades, a unas advocaciones de Cristo y la Virgen denominadas los Titulares y que se representan plásticamente en imágenes y a las que se dedican unos cultos anuales, a una labor asistencial y sufragios por los propios hermanos o vecinos... Surgen los misterios concretos de cada hermandad en el caso de las corporaciones penitenciales o se multiplican las imágenes de la Virgen del Rosario, con lo que se diversifica en una misma institución la devoción al uso callejero y la propia referida a la imagen del altar. Al mismo tiempo se produce una asimilación a los esquemas eclesiales: construcción de una capilla propia, alejamiento de la vía pública, multiplicación de los cultos internos...

Y, junto a todo esto, la ya comentada influencia del vecindario, sostén económico, social y espiritual que alienta y mantiene la espontaneidad y se constituye en el verdadero y más fiable indicador de que la tradición que parte de la primitiva devoción constituye una estructura viva que es capaz de mantener abierta la espontaneidad o una superestructura vacía.

De hecho, será el propio vecindario quien marque la consolidación del uso devocional y entienda que requiere una estabilidad y una centralización, a la vez que una integración en los marcos institucionales de lo sagrado.

El Rosario en Sevilla

Ir al inicio de esta página3.- Etapa Final

La devoción evoluciona hacia formas más estáticas y centralizadas. Su núcleo es la imagen concreta. Desaparece paulatinamente el dinamismo cotidiano. Lo que parece una consolidación en algunas manifestaciones como la Semana Santa resulta, en definitiva, una regresión en otras, el principio del fin, pues se desarraiga del pueblo, se incomunica, pierde raíces como es el caso de los Rosarios públicos.

La tradición evoluciona hacia estructuras estáticas , carentes del fondo motivador de la primitiva espontaneidad. Se da una auténtica falta de sentido. No se tiene conciencia de un depósito común y aparece la crítica interna, que replantea la devoción.

El conductor o agente de la tradición, la Hermandad, evoluciona en el mismo sentido hacia una devoción estática. Se modifica el instituto.

Todo ello es coincidente y consecuente con una integración o acercamiento al ámbito eclesiástico oficial, derivada de lo expuesto y que se traduce en la desaparición de una determinada cultura y religiosidad, estereotipación de las formas tradicionales, el protagonismo de la imagen como centro de la devoción y paradigma de la tradición y, por último, el alejamiento del vecindario, perdiendo su identidad.

El tramo final del proceso supone la desaparición de la práctica devocional tal y como fue concebida en sus orígenes al carecer de fundamento popular y arraigo una tradición vacía...o bien se dota de un nuevo sentido a la estructura material, merced a una iniciativa popular espontánea aunque propuesta por una determinada élite cofrade (Semana Santa del XIX) o un retorno a la tutela eclesiástica.

Todo este proceso se enmarca en una crisis generalizada de la religiosidad popular que abarca hasta la segunda mitad del siglo XIX y que coincide con una serie de medidas ilustradas de la Corona (Consejo de Castilla), tratando de "purificar" la expresión religiosa y hacerla más racional y útil socialmente dentro de un marco regalista en el que la Jerarquía eclesiástica estaba también comprometida.. Es el caso de la Real Orden de 1783 por el que se suprimen las cofradías y se las obliga a presentar nuevas Reglas ante el ordinario civil...pero que tuvo una incidencia mínima en el seno concreto de las corporaciones no afectadas por la mencionada crisis.

Esta etapa final supone en muchos casos el retorno a un nuevo esquema de religiosidad con las características propias de la etapa de génesis devocional, todo ello inmerso en el mismo ámbito de hermandad. De hecho esto es muy común y pienso sinceramente que en la actualidad se asiste desde hace unos años a un nuevo proceso de tradición y espontaneidad en nuestras hermandades de penitencia y Gloria, nacido en la etapa final del proceso que se inició tras el que hemos estudiado someramente de la Sevilla de la Modernidad.

El Rosario en Sevilla

En líneas generales, he tratado de esbozar un esquema conceptual de tradición y espontaneidad en la religiosidad popular sevillana de la época moderna. No son términos incompatibles, dado sobre todo la innegable raigambre popular de las hermandades, instituciones generadoras y conservadoras de una honda tradición que ha sabido adaptarse a las distintas situaciones históricas. En el caso analizado del Rosario, tradición y espontaneidad han sido los fundamentos de una devoción viva y de unas hermandades en sintonía constante con la base popular, es decir, con una apertura efectiva al vecindario. Sólo cuando la espontaneidad decae, la tradición se convierte en una superestructura carente de sentido que termina por hacer desaparecer el propio uso y condena a la hermandad que la sustenta a su extinción o remodelación de su instituto.

Este esquema conceptual puede ser aplicable a diversos fenómenos devocionales de los muchas que componen la religiosidad popular sevillana, por ejemplo, la propia Semana Santa y las cofradías penitenciales, o bien el ámbito glorioso del Santo Rosario en donde puede apreciarse con gran claridad el importantísimo papel que desempeña una hermandad en la armonía de la tradición con la espontaneidad.

 Carlos José Romero Mensaque

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© El Rosario en Sevilla 2004. - Carlos J. Romero Mensaque